¿No te ha pasado que sientes que Instagram o TikTok te espían? Que estás pensando en algo y de la nada aparece, pues no es casualidad eso tiene nombre y es tracking publicitario, son todas esas acciones que hacemos desde lo que buscamos, lo que miramos, a lo que le damos like, incluso cuánto tiempo nos quedamos viendo un video, las plataformas miden y registran en una base para construir nuestra “huella digital”. La publicidad no es solo el anuncio que nos sale y que ignoramos con facilidad es mucho más difícil que eso de hecho, esa misma publicidad constante nos mete ideas de estereotipos de belleza falsos o nos empuja al consumismo sin que nos demos cuenta, esa es la verdadera publicidad la que moldea lo que pensamos que necesitamos.
También nos explicaron que hay que tener más cuidado cuando iniciamos sesión en otros computadores o digitamos datos personales, porque desde ese momento ya estamos dejando rastro, así sea solo con nuestro nombre, nos recomendaron usar más el modo incógnito, fijarnos bien a qué redes Wi-Fi nos conectamos porque ahí es donde somos más vulnerables
Al final entendí algo clave, nuestros datos son información valiosa y es nuestro derecho protegerlos, de hecho, hay una ley que ya lo respalda, me llamó mucho la atención darme cuenta de que casi siempre tengo el AirDrop y el Bluetooth prendidos, y eso también puede convertirse en una puerta para rastrearnos. En clase el profesor nos mostró cómo, desde Google Maps, se pueden ver los recorridos que una persona ha hecho si tiene activado el historial de ubicaciones y lo más fuerte es que eso pasa sin que siquiera nos demos cuenta.
También hablamos de las famosas cookies, que yo siempre aceptaba sin pensar.
Después de esta clase, navegar ya no se siente tan inocente y no se trata de tener miedo al internet sino de usarlo con conciencia porque al final nuestra vida digital también es parte de nuestra identidad y en un mundo que avanza tan rápido es bueno protegerla y de paso cuidarnos a nosotros mismos.